MARCEL R. JULIANA: «Un paseo acuático»

Prólogo

Antes de convertirse en exposición, Un paseo acuático comienza como un proceso abierto.

Durante las semanas previas a la inauguración, Marcel R. Juliana intervendrá las paredes de la Mezzanine de Galeria SENDA, permitiendo que el dibujo aparezca gradualmente ante la mirada de los visitantes. Esta acción convierte el espacio en un lugar de trabajo y observación, donde el público podrá acercarse a los primeros gestos, recorridos e intuiciones que dan forma a la muestra.

Más que un adelanto, esta intervención propone acompañar al artista en el inicio de su paseo: un recorrido que, poco a poco, irá desplegándose hasta convertirse en exposición.

Sobre la exposición

La exposición de Marcel R. Juliana, presentada en el marco de Art Nou 2026, propone una deriva a través de un jardín donde memoria, ficción y observación se entrelazan en el lenguaje del dibujo. Concebida como un recorrido abierto al hallazgo, la muestra encuentra uno de sus puntos de partida en La apócrifa historia del Hércules enamorado y de su león emasculado, libro escrito por Sergio Mariano Colina, editado por Ignacio Rodríguez Somovilla e ilustrado por el propio artista. En sus páginas se relata la singular peripecia de una escultura del Hércules Farnesio situada en los jardines de Martí-Codolar, un espacio que, a principios de los años cuarenta, reunía ecos de los jardines italianos y franceses a través de parterres, fuentes, giochi d’acqua y complejos sistemas hidráulicos concebidos para conducir el agua, ordenar el paisaje y alimentar la imaginación.

Aquellos jardines constituyen el punto de partida de una exposición que no busca reconstruir un lugar concreto, sino habitar la atmósfera que todavía parece permanecer entre sus senderos. Marcel R. Juliana se aproxima a este territorio como quien camina sin un destino prefijado, permitiendo que el recorrido se construya a partir de aquello que aparece durante el trayecto. Una sombra proyectada sobre el suelo, la forma irregular de una piedra, una rama inclinada por el peso del tiempo o la presencia inesperada de una figura se convierten en acontecimientos capaces de orientar la mirada y abrir nuevas asociaciones.

En este proceso ocupa un lugar fundamental la influencia del bailarín griego Vangélis Liopirákis, cuya sensibilidad ha acompañado el desarrollo de la muestra desde sus primeras etapas. Su relación con el movimiento, entendida como una forma de atención al espacio y a las transformaciones del cuerpo, atraviesa silenciosamente el conjunto de las obras. Hay algo de esa conciencia corporal en la manera en que las figuras aparecen y desaparecen entre la vegetación, en la tensión de ciertos gestos, en la sensación de suspensión que recorre muchos de los dibujos. El jardín deja entonces de ser únicamente un escenario para convertirse en un lugar habitado por presencias que avanzan, esperan, se esconden o se confunden con el paisaje. Como sucede en una coreografía, cada elemento parece responder a un ritmo propio y, al mismo tiempo, formar parte de una composición más amplia donde cuerpos, plantas, sombras y arquitectura comparten una misma respiración.

Por primera vez, el artista no parte de una temática definida ni de una estructura narrativa previa. La exposición se desarrolla como una secuencia de observaciones que se encadenan unas con otras, semejante al movimiento de una cámara que avanza lentamente y se detiene allí donde algo reclama atención. Las obras surgen de ese ejercicio de contemplación y construyen un relato fragmentario en el que conviven lo histórico y lo imaginado, la memoria de un lugar y las posibilidades que aún contiene.

La muestra se despliega íntegramente a través del dibujo, convertido aquí en materia, método y pensamiento. Cada obra parece preguntarse qué ocurre cuando la línea abandona la función de describir para comenzar a explorar, cuando el dibujo deja de representar el mundo y empieza a recorrerlo. El resultado es un conjunto de imágenes que invitan a demorarse en aquello que habitualmente pasa desapercibido, revelando la extraordinaria complejidad que puede habitar en los gestos más simples.

Con esta exposición, SENDA se suma a la programación de Art Nou 2026 acogiendo un proyecto que entiende el dibujo como una forma de conocimiento y de experiencia. Un paseo por un jardín real e imaginario donde cada imagen funciona como una pausa, una observación y una posibilidad de encuentro.

Artista: Marcel R. Juliana
Producción: Daniela Plou

XAVI BOU. Fluctus

Galeria SENDA presenta Fluctus, un nuevo proyecto de Xavi Bou que condensa, en imágenes suspendidas, los primeros segundos del vuelo de un ave. Grabadas a supercámara lenta desde un punto de vista cenital, las obras revelan la singularidad de cada gesto, la estructura íntima del movimiento y la diversidad morfológica y cromática de cada especie.

A diferencia de sus célebres Ornitografías, donde el interés se centraba en el vuelo colectivo y la interacción entre individuos, Fluctus desplaza la atención hacia el cuerpo singular. Al aislar al ave sobre fondo blanco o negro, Bou pone en valor la riqueza de sus formas y colores, que en el vuelo grupal tienden a diluirse. El cuerpo se convierte así en trazo vivo: una figura en transición entre impulso y dirección, entre tierra y aire.

El título, del latín fluctus (oleaje), remite a la expansión temporal del gesto. Cada imagen funciona como una onda suspendida que condensa pasado, presente y futuro, activando una mirada desacelerada que invita a observar lo que habitualmente pasa desapercibido. Más que congelar un instante, Bou construye una temporalidad fluida: una forma de ver el tiempo como coreografía natural.

Realizado en colaboración con ornitólogos y centros de recuperación de fauna, el proyecto garantiza un enfoque ético y respetuoso: las aves son grabadas en el momento de su liberación, en condiciones controladas y seguras. Fluctus se concibe como una colección en crecimiento, donde cada imagen se presenta impresa a escala real, evocando los antiguos gabinetes de curiosidades.

En diálogo con la tradición de estos gabinetes —no como acumulación de rarezas, sino como dispositivos de interrogación visual—, Bou propone una experiencia que disuelve las fronteras entre arte, ciencia y tecnología. Sus imágenes no documentan, sino que revelan: coreografías invisibles, trayectorias que escapan a la mirada ordinaria, patrones que nos recuerdan que el mundo natural no es un objeto de control, sino un territorio sensible donde todo está en relación.

En un tiempo marcado por la crisis ecológica y la aceleración tecnológica, Fluctus es una llamada a la empatía perceptiva. Una invitación a mirar con otros ojos, a pensar en los animales no como símbolos o criaturas exóticas, sino como compañeros de existencia con los que compartimos un planeta y un destino común.

«Fluctus» de Xavi Bou en TV3