Esculturas de Jaume Plensa: guía para coleccionistas

Las esculturas de Jaume Plensa (Barcelona, 1955) son obras de gran formato que giran en torno a tres motivos: cabezas femeninas de rostro sereno y ojos cerrados, cuerpos construidos con letras de distintos alfabetos y fuentes interactivas con agua y luz. Hay piezas suyas en el espacio público de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Chicago, Nueva York, Londres y Antibes, y el artista mantiene además una producción de escultura de pequeño formato y obra gráfica accesible para coleccionistas particulares.

Esa doble condición explica su singularidad: un rostro blanco de doce metros con los ojos cerrados en mitad de una plaza no pide conocimientos previos, pide silencio. En esta guía, escrita desde Galeria Senda, galería de arte contemporáneo en Barcelona desde 1991 que trabaja con obras de Jaume Plensa, verás qué piezas hay en España, cuáles merecen un viaje, qué significan sus formas y cómo se pasa de admirar un monumento a convivir con una obra suya en casa.

Quién es Jaume Plensa

Jaume Plensa Suñé nació en Barcelona el 23 de agosto de 1955 y se formó en la Escola de la Llotja y en la Escola Superior de Belles Arts Sant Jordi. Desde los años ochenta ha trabajado en Berlín, Bruselas, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y hoy vuelve a tener su taller en Barcelona, según la ficha del artista del MACBA.

Ficha rápida del artista

  • Nombre completo: Jaume Plensa Suñé, Barcelona, 1955.
  • Disciplinas: escultura, instalación, obra gráfica, dibujo y escenografía de ópera.
  • Materiales: hierro fundido, bronce, acero inoxidable, alabastro, vidrio, resina con polvo de mármol y hormigón.
  • Reconocimientos: Premio Nacional de Artes Plásticas, Premio Velázquez de las Artes Plásticas (2013) y Premio Nacional de Arte Gráfico de la Calcografía Nacional (2013).
  • En marzo de 2026, el rey Felipe VI lo acreditó como Embajador Honorario de la Marca España en la categoría de Arte y Cultura, un nombramiento que comentamos en el blog de la galería.

Silencio, cuerpo y palabra

Tres constantes se repiten en casi toda la obra de Jaume Plensa: el silencio como espacio de pensamiento, el cuerpo humano como medida del mundo y la palabra escrita como material físico. Empezó con el hierro fundido, el hormigón y el mármol, y luego incorporó el vidrio, el alabastro, el acero, la luz, el agua y el sonido. Es un artista conceptual que nunca renuncia a la emoción inmediata, y eso le permite convivir con el gran público sin perder densidad crítica.

¿Dónde ver esculturas de Jaume Plensa en España?

En España hay al menos cinco esculturas públicas de Jaume Plensa visitables gratis: Julia, El árbol de la vida e Iris en Madrid, Carmela en Barcelona y El alma del Ebro en Zaragoza.

Julia, en la plaza de Colón de Madrid

Julia es una cabeza de doce metros en resina de poliéster y polvo de mármol blanco, instalada en diciembre de 2018 sobre el pedestal que ocupó la estatua de Colón. Nació como intervención temporal de un año y la ciudad decidió quedársela: permanece hasta diciembre de 2026, con prórroga posible hasta 2027, según informó el Ayuntamiento de Madrid. El rostro mira al oeste y proyecta una sombra larguísima al atardecer.

Carmela, frente al Palau de la Música de Barcelona

Carmela mide unos cuatro metros y medio, es de hierro fundido y está en el chaflán del Petit Palau desde 2016. Llegó para una exposición temporal y tenía billete a Estados Unidos, pero los vecinos pidieron que se quedara y el artista la cedió a la ciudad. El rostro parte del escaneo de una adolescente barcelonesa y se comprime en un eje: ancho de frente, afiladísimo de perfil.

El alma del Ebro, en Zaragoza

El alma del Ebro se instaló para la Exposición Internacional de 2008: una figura sentada en posición fetal de unos once metros hecha con una retícula de letras de acero cortadas por láser, documentada en el inventario de arte público de Zaragoza. La superficie no está cerrada y se puede entrar dentro. Ahí se entiende su tesis: el cuerpo es un contenedor y las palabras son sus células.

Iris y El árbol de la vida, dos encargos madrileños recientes

Madrid suma dos piezas menos turísticas: El árbol de la vida (2020), en la plaza de los Sagrados Corazones, e Iris (2024), una cabeza de acero blanco en el lago de Distrito Telefónica. Ambas llegaron por la vía del mecenazgo corporativo, que hoy sostiene buena parte del arte público.

¿Cuáles son las obras más famosas de Jaume Plensa?

Las obras más famosas de Jaume Plensa son la Crown Fountain de Chicago, Dream en St Helens, Water's Soul frente al skyline de Nueva York y Nomade en Antibes. Esta tabla resume sus esculturas públicas de referencia.

Obra Año Ubicación Material Altura
Crown Fountain 2004 Millennium Park, Chicago Vidrio, pantallas LED y agua 15 m
El alma del Ebro 2008 Recinto Expo, Zaragoza Letras de acero 11 m
Dream 2009 Sutton Manor, St Helens Hormigón 20 m
Nomade 2010 Bastión Saint-Jaume, Antibes Letras de acero 8 m
Carmela 2016 Palau de la Música, Barcelona Hierro fundido 4,5 m
Julia 2018 Plaza de Colón, Madrid Resina y polvo de mármol 12 m
Water's Soul 2021 Newport, Jersey City Resina y polvo de mármol 24 m
Iris 2024 Distrito Telefónica, Madrid Acero pintado n. d.

Crown Fountain, Chicago

La Crown Fountain se inauguró en 2004 en el Millennium Park: dos torres de vidrio de unos quince metros enfrentadas sobre una lámina de agua de granito negro. En sus pantallas aparecen los rostros de mil habitantes que, cada pocos minutos, escupen agua como gárgolas contemporáneas, tal y como explica el Ayuntamiento de Chicago. Es su obra más popular y la más radical: el monumento deja de conmemorar a un héroe para retratar a los vecinos anónimos.

Dream, en St Helens

Dream es una cabeza blanca de veinte metros levantada en 2009 sobre la escombrera de la antigua mina de Sutton Manor, en Merseyside. La eligieron los propios mineros jubilados y el consistorio la mantiene como emblema del municipio. Pocas veces una escultura contemporánea ha reparado con tanta literalidad un paisaje industrial.

Water's Soul y Nomade

Water's Soul, con veinticuatro metros, es la pieza más alta que ha realizado Jaume Plensa: una mujer con los ojos cerrados se lleva el dedo a los labios en el paseo fluvial de Newport, en Jersey City, frente a Nueva York. Nomade, en el bastión Saint-Jaume de Antibes, es un hombre sentado de ocho metros hecho de letras de acero en el que se puede entrar para ver el cielo a través del alfabeto.

¿Por qué las cabezas de Jaume Plensa tienen los ojos cerrados?

Las cabezas de Jaume Plensa son su serie más reconocible, y esa es la pregunta que más nos hacen en la galería. La explicación que ha dado el artista en numerosas ocasiones es que la cabeza le interesa como gran contenedor del conocimiento y las emociones, y que los párpados cerrados invitan al espectador a mirar hacia dentro, como si la obra fuera un espejo.

Casi todas parten del escaneo tridimensional del rostro de una niña o una adolescente real, con nombre propio: Julia, Carmela, Awilda, Laura, Sanna. Ese retrato se somete a una deformación anamórfica que comprime un eje y estira otro, así que la percepción cambia según por dónde te acerques. Y un detalle que pasa desapercibido: el blanco mate remite al mármol clásico y a la vez lo desmiente, porque casi siempre es resina o acero pintado.

Las esculturas de letras: alfabetos que construyen cuerpos

La otra gran familia de obras de Jaume Plensa son los cuerpos construidos con caracteres latinos, árabes, cirílicos, hebreos o japoneses. No son citas literarias: las letras funcionan como células, como tejido. Al mezclar sistemas de escritura que nadie puede leer al completo, propone algo incómodo y bonito a la vez, que la comunicación humana siempre es parcial y aun así construye cuerpos enteros.

Son además estructuras huecas y transitables, que filtran la luz y proyectan sombras cambiantes. El monumento deja de ser un obstáculo opaco y pasa a ser un lugar donde la gente entra y se sienta. Para un jardín o un patio interior suele ser la vía que más gusta, porque la pieza cambia con la hora y la estación.

Materiales, escala y conservación

Entender cómo están hechas las esculturas de Jaume Plensa ayuda a la hora de comprar, aunque sea en formato pequeño. Cada material impone su lógica: el bronce y el hierro fundido piden anclaje técnico, el alabastro pide luz, la resina pide protección solar.

Una obra monumental no se instala, se construye: Dream se levantó con decenas de elementos de hormigón de varias toneladas y Water's Soul cruzó el Atlántico despiezada. Las piezas de exterior necesitan además un plan de conservación real, como demuestra Julia, con limpieza anual y una intervención más exhaustiva ocho años después. Si te planteas una escultura de exterior, pide de antemano el protocolo de mantenimiento del estudio.

¿Cómo se coleccionan las esculturas de Jaume Plensa?

Las obras monumentales responden a encargos institucionales o corporativos, pero el artista mantiene una producción constante de formatos accesibles que sí llegan al coleccionista particular.

Escultura de pequeño y mediano formato

Hay cabezas y figuras de letras en dimensiones domésticas, en bronce, hierro, acero inoxidable o alabastro, muchas en edición numerada. Funcionan bien en interior porque conservan la relación entre volumen y luz que define su trabajo.

Obra gráfica, dibujo y libros de artista

Jaume Plensa ha defendido el grabado desde el principio. Aguafuertes, litografías, dibujos y libros de artista son la puerta de entrada para quien empieza a coleccionar, y parte de ese material circula por nuestra tienda online.

Qué comprobar antes de comprar

No prometemos revalorizaciones, porque nadie serio puede hacerlo. Lo que sí recomendamos siempre, y por escrito: certificado de autenticidad, número de ejemplar y tamaño de la edición, año, medidas, material, estado de conservación y procedencia. Pide asesoramiento profesional antes de cerrar cualquier compra en el mercado secundario.

Lo que queda cuando te alejas de la escultura

Sus piezas no se agotan en el primer impacto. Una cabeza de doce metros llama la atención desde lejos, pero lo que hace que la recuerdes semanas después es el silencio que instala alrededor, el gesto de un dedo sobre los labios o la sombra de un alfabeto en el suelo. Las esculturas públicas de Jaume Plensa han demostrado que el arte contemporáneo puede ser exigente y popular a la vez.

Ese mismo efecto se traslada, en otra escala, a una casa. Una cabeza de bronce sobre una consola o un aguafuerte en un pasillo cambian la temperatura de una habitación de un modo que cuesta explicar hasta que se convive con ello. En Galeria Senda hemos acompañado a coleccionistas que empezaron con una obra sobre papel.

Si te has quedado con ganas de más después de cruzarte con Julia en Colón o con Carmela frente al Palau, pásate por nuestras exposiciones en Trafalgar 32 o escríbenos y agendamos una visita: te enseñamos los formatos disponibles de las esculturas de Jaume Plensa, cómo se documenta cada pieza y qué encaja en tu espacio.

Preguntas frecuentes

¿Dónde ver esculturas de Jaume Plensa en España?

En Madrid, Barcelona y Zaragoza. Julia, en la plaza de Colón; Carmela, junto al Palau de la Música Catalana; El alma del Ebro, en el recinto de la Expo; y El árbol de la vida e Iris, ambas también en Madrid. Todas son de acceso libre y gratuito.

¿Cuáles son las obras de Jaume Plensa más famosas?

La Crown Fountain del Millennium Park de Chicago (2004) es probablemente la más visitada del mundo, seguida de Dream (2009), en St Helens, y de Water's Soul (2021), frente al skyline de Nueva York. En España, Julia es la de mayor reconocimiento popular.

¿Por qué las cabezas de Jaume Plensa tienen los ojos cerrados?

Porque al artista le interesa el interior de la cabeza como depósito de conocimiento y emoción. Los ojos cerrados desactivan la mirada exterior y devuelven al espectador a la suya propia. La mayoría parte del escaneo del rostro de una niña o adolescente real, y de ahí que cada obra lleve nombre propio.

¿Se puede comprar una escultura de Jaume Plensa para una casa?

Sí. Además de los encargos monumentales hay producción en pequeño y mediano formato, en bronce, hierro, acero o alabastro, y una obra gráfica amplia. Lo habitual es empezar por grabado o dibujo y dar el salto a la escultura más adelante. En Galeria Senda, en Barcelona, trabajamos con obra del artista y asesoramos en ese recorrido.

¿Qué documentación debo pedir al comprar obra de este artista?

Certificado de autenticidad, número de ejemplar, año, técnica, medidas, informe de estado y procedencia. En obra gráfica conviene verificar el taller de estampación y la firma. Ante cualquier duda, contrasta la información con un profesional antes de pagar.

PATTI SMITH: Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026

La reciente concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 a Patti Smith —uno de los reconocimientos culturales más prestigiosos del ámbito iberoamericano— constituye una ocasión para celebrar la trayectoria de una de las figuras más influyentes de la cultura contemporánea. Cantante, poeta, escritora y referente intergeneracional, Smith ha desarrollado una obra que ha trascendido las fronteras de la música para consolidarse como una voz central en la configuración de la sensibilidad artística de las últimas décadas.

Considerada una de las precursoras del punk y una figura decisiva en la renovación del lenguaje musical de los años setenta, Patti Smith redefinió el lugar de la palabra dentro de la música popular, incorporando a la canción una intensidad poética, política y performativa hasta entonces inusual en el ámbito del rock. Su irrupción supuso no solo una transformación sonora, sino también estética y cultural, proyectando una imagen de artista radicalmente libre que continúa resonando en generaciones posteriores de músicos, escritores y creadores visuales.

La habitación de Patti Smith en el Chelsea. Albert Scopin

Sin embargo, reducir su legado al ámbito musical resultaría insuficiente. La práctica de Smith ha estado siempre atravesada por una profunda vocación interdisciplinar, en la que escritura, imagen, performance y pensamiento convergen como partes indisociables de un mismo proyecto creativo. Su obra se sitúa precisamente en ese cruce entre disciplinas, desdibujando las fronteras entre poesía y canción, entre autobiografía y construcción mítica, entre documento y gesto performativo.

En este marco, su relación con Robert Mapplethorpe —inmortalizada por la propia artista en Just Kids (Éramos unos niños)— constituye uno de los episodios más emblemáticos de una trayectoria marcada por la intersección entre vida y creación. Más que una anécdota biográfica, aquel vínculo encarna un momento fundacional dentro de la contracultura neoyorquina de finales de los años sesenta: una alianza creativa basada en la admiración mutua, la experimentación artística y la construcción compartida de nuevas formas de sensibilidad.

Uno de los episodios más recordados de esta relación tuvo lugar durante una de sus últimas sesiones fotográficas juntos, cuando Mapplethorpe entregó a Smith una mariposa morfo azul para integrarla en el retrato. Smith recordaría aquel gesto como la introducción de un “símbolo de inmortalidad”, imagen que hoy resuena como una metáfora elocuente de su propio legado: el de una artista cuya influencia continúa expandiéndose mucho más allá de su tiempo.

Celebrar hoy a Patti Smith implica reconocer no solo a una de las voces más singulares de la música contemporánea, sino a una creadora total cuya obra ha transformado de manera decisiva la relación entre arte, poesía, música e identidad en la cultura visual y sonora del último medio siglo.

JOAN PONÇ en Brasil: Hacia lo esencial

La etapa brasileña de Joan Ponç, desarrollada entre 1953 y 1964, constituye un punto de inflexión en su trayectoria, en el que su lenguaje plástico se reconfigura desde sus propios fundamentos. Este periodo no puede entenderse únicamente como un desplazamiento geográfico, sino como una experiencia que incide de manera directa en la forma en que la imagen se articula, se organiza y adquiere presencia.

Formado en el entorno de Dau al Set, Ponç había desarrollado una práctica intensamente vinculada a lo onírico y a lo psíquico, donde la figura operaba como umbral hacia dimensiones interiores. Su llegada a São Paulo lo sitúa en un contexto de gran densidad cultural —atravesado por múltiples tradiciones— que no se traduce en una incorporación de motivos reconocibles, sino en una transformación de las lógicas internas de la obra. Como señala Margaret dos Santos, «Brasil no proporciona a Ponç un repertorio formal que integrar, sino una experiencia que transforma su relación con la imagen».

Los diarios del artista permiten acceder a la intensidad de esta experiencia. En ellos, Brasil aparece como un espacio que altera profundamente su modo de percibir: «El hombre del Brasil se encuentra más próximo a la naturaleza que el europeo, formado a base de libros, de conceptos…» (Ponç, diario, ca. 1950s). Esta observación introduce una tensión persistente entre una cultura estructurada desde lo conceptual y una relación más inmediata con lo sensible, que atraviesa su producción y redefine su aproximación a la forma.

Durante estos años, la imagen se desplaza hacia un estado de apertura, donde la estabilidad cede lugar a una organización basada en relaciones internas, ritmos y densidades. En obras de la serie Suite Presència (c.a 1960), esta condición se hace particularmente evidente: la superficie se activa a partir de la repetición de signos, la acumulación de trazos y la construcción de patrones que generan una vibración sostenida. Los círculos concéntricos, las tramas de puntos y las estructuras modulares configuran un campo en tensión que intensifica la experiencia perceptiva y conduce la mirada hacia un estado de atención expandida.

Por su parte, en Suite Meses (c.a 1960), Ponç introduce una modulación distinta de esta lógica, donde el tiempo aparece como estructura subyacente de la imagen. Las composiciones se organizan en secuencias que sugieren ciclos, variaciones y recurrencias, activando una lectura en la que la repetición se articula con una idea de devenir. La imagen ya no se percibe únicamente como superficie vibrante, sino como un sistema que se despliega en intervalos, donde cada variación introduce un desplazamiento sutil respecto de la anterior. En este sentido, la serie propone una relación más explícita con el ritmo temporal, en la que la forma se construye desde la reiteración y la diferencia.

La afirmación de Margaret dos Santos —«la obra de este periodo no persigue la estabilización de la imagen, sino la intensificación de su vibración» — encuentra en ambas series una formulación complementaria: mientras Suite Presència concentra la vibración en la superficie, Suite Meses la expande hacia una lógica temporal, donde el ritmo se convierte en principio organizador.

Esta transformación se vincula también con una dimensión espiritual que adquiere mayor complejidad durante su estancia en Brasil, especialmente en relación con su interés por la tradición judaica. La imagen comienza a operar como un umbral, un espacio de mediación en el que lo visible se articula en relación con aquello que permanece en un régimen de latencia. En sus propios términos: «No se trata de pintar lo que se ve, sino de hacer visible lo que insiste detrás de las cosas» (Ponç, diario, ca. 1950s).

La producción de este periodo se sitúa así en un punto de máxima apertura, donde la práctica artística se afirma como un proceso en constante transformación. En este marco, las obras reunidas en la exposición adquieren una relevancia singular, en tanto han permanecido durante largos periodos resguardadas en colecciones privadas, fuera del circuito público, y se presentan hoy como un conjunto que permite acceder a una zona menos visible, aunque esencial, dentro del desarrollo de Joan Ponç.

En este horizonte, sus propias palabras permiten aproximarse a la conciencia que atraviesa esta etapa, donde la práctica artística se entiende como deriva, orientación y tránsito:

«Somos olas en un mar, o navío es mi atelier. Él flota, flota sobre este mar de almas que se agitan constantemente, que se funden, se destruyen, se comprenden y se ignora, quieren permanecer, pero sólo el mar permanece (…) Antes vivía en la superficie, pero sé ahora que lo que mantiene mi navío no es lo que se ve sino lo que existe (…) no es Nada y lo es todo (…) Cuando mi brújula se desorienta, vientos me conducen. Recuerdo de qué puerto salí, uno como todos los puertos. Sé que debo llegar y entregar el navío; cuándo, lo ignoro. Un día sabré que debo entregarlo todo. Mi misión estará realizada, el navío es frágil, el mar inmenso, espero no desaparecer en él (…) Mi navío es nuevo, no debo pensar en su fin sino en su ruta al norte, siempre para el Norte.» (Ponç, 2009, p. 41)

JAUME PLENSA: nuevo embajador de Marca España

El artista Jaume Plensa ha sido nombrado embajador honorario de la Marca España por el rey Felipe VI. El reconocimiento sitúa a la práctica artística en un lugar estratégico dentro de la proyección cultural internacional.

Plensa es uno de los escultores españoles con mayor presencia global. Su obra forma parte del espacio público en ciudades como Chicago, Londres, Montreal o Barcelona, consolidando un lenguaje visual identificable y transversal.

CROWN FOUNTAIN, 2004 featured in Millennium Park, Chicago, USA by Jaume Plensa
El Rey, junto al ministro de Industria, Jordi Hereu, aplaude a Jaume Plensa, acreditado como embajador Honorarios de la Marca España

Su trabajo se articula en torno a tres ejes clave: cuerpo, lenguaje y espacio. Las figuras humanas —frecuentemente rostros o cuerpos fragmentados— transmiten quietud, introspección y escala monumental. Las letras, procedentes de distintos alfabetos, funcionan como materia escultórica y construyen estructuras que combinan presencia física y dimensión simbólica.

Las esculturas de Plensa generan experiencias en el espacio público. Introducen pausa, modifican la percepción del entorno y activan una relación directa con el espectador. Su obra conecta con audiencias diversas sin necesidad de mediación contextual compleja, lo que explica su fuerte circulación internacional.

CROWN FOUNTAIN, 2004 featured in Millennium Park, Chicago, USA by Jaume Plensa
CROWN FOUNTAIN, 2004, Millennium Park, Chicago, USA de Jaume Plensa

Este nombramiento refuerza el papel del arte contemporáneo dentro de la imagen global de un país. La obra de Plensa aporta una visión basada en la sensibilidad, la experiencia y el lenguaje universal. Su práctica opera desde lo humano, lo esencial y lo compartido.

En un contexto global donde la cultura actúa como herramienta de posicionamiento, la figura de Plensa consolida una idea clara: el arte contemporáneo también construye relato, identidad y presencia internacional.

«Behind the walls» Frieze Sculpture at Rockefeller Center, Rockefeller Center, New York, USA

SANDRA VASQUÉZ DE LA HORRA: “Soy Energía”

Una exposición que se atraviesa más que se recorre

Entrar en la obra de Sandra Vásquez de la Horra no implica entender, implica dejarse afectar. Soy Energía, su retrospectiva en el Haus der Kunst de Múnich, se despliega como un campo de intensidades donde las imágenes operan antes de poder nombrarlas.

Más de cuarenta años de trabajo se articulan aquí sin una narrativa lineal. Las obras no ordenan una trayectoria, circulan. Dibujos sumergidos en cera de abeja emergen como restos, como superficies donde el tiempo parece haberse detenido. La materia densifica la imagen y ralentiza la mirada, generando una relación más próxima, casi corporal.

«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss

El recorrido evita jerarquías. Las piezas se agrupan como constelaciones: cuerpos fragmentados, figuras híbridas, signos que cruzan lo humano, lo animal y lo vegetal. El cuerpo aparece como un territorio atravesado por memoria y tensión, donde lo íntimo y lo político se inscriben sin volverse explícitos.

Desde sus primeros trabajos en Chile hasta su producción reciente, persiste una misma operación: dar forma a aquello que no puede fijarse. Las imágenes no ilustran, contienen. Funcionan como sedimentaciones donde la historia, la violencia y el exilio permanecen como capas latentes.

La propuesta curatorial acompaña esta lógica. La exposición no se organiza de forma lineal, construye una atmósfera. Hay zonas de concentración y otras de apertura, ritmos que implican al espectador y lo desplazan de una posición distante. Mirar aquí exige tiempo, cercanía, ajuste.

En ese movimiento, la obra se sitúa en un umbral constante. Entre lo visible y lo que apenas se deja ver. Entre la imagen y su resto.

Soy Energía no ofrece respuestas. Mantiene abierta una experiencia donde algo persiste más allá de lo visible.

«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss
«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss

JOAN PONÇ: imaginar otros mundos

En el panorama del arte catalán del siglo XX, la figura de Joan Ponç (1927–1984) ocupa un lugar singular. Su obra parece surgir desde un territorio propio, poblado por criaturas ambiguas, personajes deformados y escenas que oscilan entre lo onírico y lo inquietante. Más que representar el mundo visible, Ponç construyó un universo interior donde lo fantástico se convierte en una forma de pensamiento.

Formado en la Barcelona de la posguerra, un contexto cultural marcado por el aislamiento y la censura, Ponç encontró en la imaginación un espacio de libertad. Sus dibujos y pinturas despliegan un imaginario intenso, lleno de símbolos, figuras híbridas y presencias que parecen emerger de zonas oscuras de la mente. En ellos conviven lo grotesco, lo mágico y lo metafísico.

A finales de los años cuarenta fue uno de los impulsores de Dau al Set, colectivo fundamental para la renovación artística en Cataluña. Junto a artistas y pensadores como Antoni Tàpies, Modest Cuixart y el poeta Joan Brossa, el grupo abrió un espacio de experimentación que dialogaba con el surrealismo, el dadaísmo y las corrientes de vanguardia europeas. En ese contexto, la obra de Ponç destacó por su carácter visionario: un lenguaje figurativo que parecía responder más a una lógica interior que a la observación del mundo.

Sus personajes —con ojos desmesurados, cuerpos fragmentados o gestos inquietantes— habitan escenarios ambiguos donde lo humano y lo fantástico se confunden. No se trata de escenas narrativas en un sentido tradicional. Son visiones. Apariciones que condensan estados mentales, intuiciones o tensiones existenciales.

En 1953 Ponç se trasladó a Brasil, donde residió durante casi una década. Este período fue clave para su desarrollo artístico. Allí entró en contacto con nuevos círculos culturales y su obra adquirió mayor complejidad formal y cromática. Sin embargo, el núcleo de su imaginario permaneció intacto: ese universo poblado de presencias extrañas que parecen moverse entre lo visible y lo invisible.

A lo largo de su trayectoria, Joan Ponç mantuvo una posición difícil de encasillar dentro de las tendencias dominantes de su tiempo. Mientras muchos artistas de su generación se inclinaban hacia la abstracción, él persistió en una figuración radical, cargada de símbolos y resonancias interiores.

Hoy, su obra sigue fascinando por su capacidad de abrir un espacio de extrañeza. Un territorio donde la pintura se convierte en visión y donde cada figura parece surgir desde el límite entre la imaginación, el sueño y lo desconocido.

MIRALDA. Monuments in Love / Cartas de Amor: el libro que celebra los 40 años de Honeymoon Project.

Una publicación que revisita uno de los proyectos más emblemáticos de Antoni Miralda y reactiva su universo simbólico a través de cartas, ensayos y documentos.

Con motivo del 40º aniversario de Honeymoon Project, el artista Antoni Miralda presenta el libro Monuments in Love / Cartas de Amor, una publicación que revisita uno de los proyectos más singulares de su trayectoria artística.

Publicado por Terranova en colaboración con Galeria Senda y FoodCultura, el volumen recupera el imaginario del Honeymoon Project, iniciado en los años ochenta. Este proyecto imaginaba un enlace simbólico entre dos monumentos icónicos: la Estatua de la Libertad en Nueva York y el Monumento a Colón en Barcelona. A partir de esta unión ficticia, Miralda desarrolló una reflexión irónica y festiva sobre los rituales sociales, los vínculos entre culturas y el papel de los monumentos en la construcción de relatos colectivos.

El libro reúne una selección de cartas de amor enviadas desde diferentes partes del mundo, junto a ensayos contemporáneos y materiales que expanden la historia del proyecto. Estas contribuciones permiten revisitar Honeymoon Project desde nuevas miradas, manteniendo vivo su carácter participativo y su capacidad de conectar imaginarios culturales diversos.

Más que un simple registro, Monuments in Love / Cartas de Amor funciona como una extensión del propio proyecto: un espacio editorial donde archivo, ficción y memoria se entrelazan. A cuarenta años de su inicio, el trabajo de Miralda continúa proponiendo una lectura lúdica y crítica sobre la manera en que celebramos, imaginamos y compartimos nuestras historias colectivas.

En el marco de esta celebración, el libro fue presentado públicamente el pasado 13 de febrero en Sala Apolo dentro del programa Art Meets Apolo, en un encuentro que reunió arte contemporáneo, performance y música.

Con una edición limitada, Monuments in Love / Cartas de Amor invita a redescubrir el universo creativo de Miralda y a adentrarse en uno de los proyectos más imaginativos del arte contemporáneo.

El libro se encuentra disponible para su compra en nuestra shop.

ELENA DEL RIVERO en el Museo Nacional de Antropología

El Museo Nacional de Antropología presenta “La Quema. Una retrospectiva” de Elena del Rivero

El Museo Nacional de Antropología acoge “La Quema. Una retrospectiva”, una amplia muestra dedicada a la artista Elena del Rivero, que forma parte del programa Visiones críticas y de la conmemoración del 150 aniversario del museo. La exposición podrá visitarse hasta el 24 de mayo de 2026.

Comisariada por Mateo Feijoo, la muestra toma como punto de partida una acción desarrollada por la artista en 2024 en San Pedro Fiz de Vilar (Ourense), donde presentó una serie de obras en espacios domésticos y rurales antes de someterlas a una ceremonia de quema colectiva junto a la comunidad local. Este gesto —cargado de simbolismo— articula una reflexión profunda sobre la memoria, la transformación y los vínculos entre arte y vida compartida.

El recorrido expositivo reúne collages, ensamblajes y piezas de la serie Diarios, trabajos que incorporan materiales recuperados y objetos cotidianos convertidos en archivo afectivo. La retrospectiva se complementa con la presentación de Canto para un monumento funerario, realizada en colaboración con estudiantes de EINA Centre Universitari de Disseny i Art de Barcelona y presentada en el Panteón de España, ampliando la dimensión colectiva y pedagógica del proyecto.

“La Quema” propone así una mirada transversal a la práctica de Del Rivero, donde el acto de quemar no se entiende como destrucción, sino como transformación y tránsito, en un diálogo constante entre territorio, memoria y comunidad.

MIRALDA: 40 años de «Honeymoon project (1986 -1992)»

Hace cuarenta años, Miralda puso en marcha un proyecto que desbordó por completo las categorías tradicionales del arte. Honeymoon Project no fue una exposición, ni una performance puntual, ni una obra cerrada en el tiempo: fue un proceso largo, expansivo y profundamente simbólico que se extendió durante seis años y atravesó ciudades, culturas, lenguas y comunidades.

La propuesta partía de una imagen tan poética como provocadora: un romance imaginario que culminaba en el matrimonio simbólico entre dos monumentos cargados de historia y poder —la Estatua de la Libertad en Nueva York y el monumento a Cristóbal Colón en Barcelona—. Al convertirlos en protagonistas de una historia de amor, Miralda los despojaba de su solemnidad habitual y los transformaba en personajes vivos, capaces de relacionarse, desplazarse y mezclarse con la gente.

Uno de los gestos más radicales del proyecto fue precisamente ese: hacer descender a los monumentos de sus pedestales simbólicos. A lo largo de los años, Honeymoon Project activó una serie de rituales públicos —pedidas de mano, anuncios de compromiso, intercambios de cartas de amor, regalos y celebraciones— en los que participaron miles de personas anónimas junto a instituciones, ciudades y profesionales de ámbitos tan diversos como la moda, la política o la gastronomía. El proyecto no se miraba: se vivía.

El intercambio cultural fue el verdadero motor de esta “luna de miel”. Regalos enviados desde distintas ciudades del mundo funcionaban como embajadores simbólicos de sus lugares de origen: objetos híbridos, extravagantes y festivos que hablaban de identidades urbanas, imaginarios colectivos y estereotipos culturales. Cada entrega era celebrada como un acontecimiento público, reforzando la dimensión performativa y comunitaria de la obra.

La comida ocupó un lugar central en todo este entramado. Banquetes, ofrendas, recetas, menús impresos y alimentos provenientes del Nuevo y el Viejo Mundo se convirtieron en materia artística. Comer, compartir y mezclar ingredientes funcionaba como una metáfora directa del intercambio histórico entre continentes, pero también como una forma de poner el cuerpo —y el gusto— en el centro de la experiencia artística.

Junto a la celebración, Honeymoon Project nunca dejó de señalar sus contradicciones. El idilio entre ambos monumentos evocaba también la historia violenta de la colonización, los desequilibrios de poder heredados y las tensiones que aún persisten bajo formas contemporáneas de neocolonialismo. El proyecto se desarrolló, además, en un contexto especialmente cargado: los centenarios de ambos monumentos y el Quinto Centenario del “Descubrimiento” de América, marcado tanto por festejos oficiales como por fuertes protestas anticoloniales. En ese escenario, la obra no tomaba una posición unívoca, sino que abría un espacio de fricción, ambigüedad y debate.

El lenguaje fue otro territorio de exploración fundamental. Palabras, traducciones, nombres propios y firmas se desplazaban entre idiomas y significados, evidenciando cómo la lengua también es un campo de poder, de malentendidos y de apropiaciones culturales.

Hoy, a cuarenta años de su inicio, Honeymoon Project sigue resultando sorprendentemente vigente. En un mundo donde los símbolos nacionales vuelven a endurecerse y las fronteras culturales parecen reafirmarse, la propuesta de Miralda recuerda el potencial crítico de la ficción, del ritual y de la celebración colectiva. Más que una obra sobre el pasado, fue —y sigue siendo— una pregunta abierta sobre cómo convivimos, qué historias contamos y quiénes participan en su construcción.

GONZALO GUZMÁN. «El dolmen de Nemorino» para el «Saló dels Miralls» del Gran Teatre del Liceu


Galeria SENDA te invita a acompañar a Gonzalo Guzmán (1991) en la presentación de El dolmen de Nemorino, una instalación monumental de cinco metros de altura concebida especialmente para el Saló dels Miralls del Gran Teatre del Liceu, coincidiendo con el estreno de L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti.

La conexión entre ópera y escultura no es fortuita. El origen de la obra se remonta a una historia íntima y familiar: el padre del artista, Joaquín, llegó a Barcelona siendo joven para estudiar canto con el maestro Puig, con el sueño de convertirse en cantante de ópera profesional. Su mayor ilusión era actuar algún día en el escenario del Liceu. Sin embargo, mientras preparaba Una furtiva lagrima, el aria más célebre de L’elisir d’amore, perdió la voz de forma repentina. Aquel episodio cambió el rumbo de su vida: no pudo continuar su carrera como tenor, pero mantuvo siempre un vínculo profundo con la música y el arte, una sensibilidad que transmitió a su hijo desde la infancia.

«Esta obra es una forma de cerrar un círculo: de devolver, en forma de escultura, algo de aquella emoción que él me ha transmitido desde pequeño, y de hacer que, de algún modo, esa voz vuelva a habitar el Liceu», explica Guzmán.

El dolmen de Nemorino se alza como un dolmen contemporáneo de acero inoxidable, asentado sobre un montículo de tierra que dialoga con la arquitectura dorada y los espejos del salón. En su escala monumental y su sencillez primitiva, la pieza refleja el propio proceso vital y creativo del artista: un diálogo constante entre el deseo y la materia, entre lo que se imagina y lo que la escultura permite.

Guzmán concibe su práctica escultórica como un ejercicio de confianza y de escucha. «Permito que la escultura suceda —afirma—. Es una forma de entender la vida: las cosas ocurren porque solo pueden ocurrir de una manera, la que sucede. Una escultura solo puede existir tal como ha aparecido, con todos los accidentes y condiciones que han hecho posible su forma».

Esa misma idea atraviesa la historia de su padre: el momento en que perdió la voz, lejos de ser una ruptura, se transformó en una lección de aceptación y aprendizaje. A veces, al verlo practicar aún fragmentos de ópera, Guzmán reconoce en ese gesto una continuidad emocional con aquella pasión que no desapareció, sino que mutó de forma.

La verdadera importancia, para el artista, reside en la mirada con la que afrontamos lo que nos ocurre. Como Nemorino, el protagonista de la ópera de Donizetti, que en una lágrima descubre la esperanza que le impulsa a seguir, El dolmen de Nemorino propone una reflexión sobre la confianza, la transformación y la permanencia.

22 de noviembre — 15 de diciembre de 2025 · Saló dels Miralls, Gran Teatre del Liceu