JOAN PONÇ en Brasil: Hacia lo esencial

La etapa brasileña de Joan Ponç, desarrollada entre 1953 y 1964, constituye un punto de inflexión en su trayectoria, en el que su lenguaje plástico se reconfigura desde sus propios fundamentos. Este periodo no puede entenderse únicamente como un desplazamiento geográfico, sino como una experiencia que incide de manera directa en la forma en que la imagen se articula, se organiza y adquiere presencia.

Formado en el entorno de Dau al Set, Ponç había desarrollado una práctica intensamente vinculada a lo onírico y a lo psíquico, donde la figura operaba como umbral hacia dimensiones interiores. Su llegada a São Paulo lo sitúa en un contexto de gran densidad cultural —atravesado por múltiples tradiciones— que no se traduce en una incorporación de motivos reconocibles, sino en una transformación de las lógicas internas de la obra. Como señala Margaret dos Santos, «Brasil no proporciona a Ponç un repertorio formal que integrar, sino una experiencia que transforma su relación con la imagen».

Los diarios del artista permiten acceder a la intensidad de esta experiencia. En ellos, Brasil aparece como un espacio que altera profundamente su modo de percibir: «El hombre del Brasil se encuentra más próximo a la naturaleza que el europeo, formado a base de libros, de conceptos…» (Ponç, diario, ca. 1950s). Esta observación introduce una tensión persistente entre una cultura estructurada desde lo conceptual y una relación más inmediata con lo sensible, que atraviesa su producción y redefine su aproximación a la forma.

Durante estos años, la imagen se desplaza hacia un estado de apertura, donde la estabilidad cede lugar a una organización basada en relaciones internas, ritmos y densidades. En obras de la serie Suite Presència (c.a 1960), esta condición se hace particularmente evidente: la superficie se activa a partir de la repetición de signos, la acumulación de trazos y la construcción de patrones que generan una vibración sostenida. Los círculos concéntricos, las tramas de puntos y las estructuras modulares configuran un campo en tensión que intensifica la experiencia perceptiva y conduce la mirada hacia un estado de atención expandida.

Por su parte, en Suite Meses (c.a 1960), Ponç introduce una modulación distinta de esta lógica, donde el tiempo aparece como estructura subyacente de la imagen. Las composiciones se organizan en secuencias que sugieren ciclos, variaciones y recurrencias, activando una lectura en la que la repetición se articula con una idea de devenir. La imagen ya no se percibe únicamente como superficie vibrante, sino como un sistema que se despliega en intervalos, donde cada variación introduce un desplazamiento sutil respecto de la anterior. En este sentido, la serie propone una relación más explícita con el ritmo temporal, en la que la forma se construye desde la reiteración y la diferencia.

La afirmación de Margaret dos Santos —«la obra de este periodo no persigue la estabilización de la imagen, sino la intensificación de su vibración» — encuentra en ambas series una formulación complementaria: mientras Suite Presència concentra la vibración en la superficie, Suite Meses la expande hacia una lógica temporal, donde el ritmo se convierte en principio organizador.

Esta transformación se vincula también con una dimensión espiritual que adquiere mayor complejidad durante su estancia en Brasil, especialmente en relación con su interés por la tradición judaica. La imagen comienza a operar como un umbral, un espacio de mediación en el que lo visible se articula en relación con aquello que permanece en un régimen de latencia. En sus propios términos: «No se trata de pintar lo que se ve, sino de hacer visible lo que insiste detrás de las cosas» (Ponç, diario, ca. 1950s).

La producción de este periodo se sitúa así en un punto de máxima apertura, donde la práctica artística se afirma como un proceso en constante transformación. En este marco, las obras reunidas en la exposición adquieren una relevancia singular, en tanto han permanecido durante largos periodos resguardadas en colecciones privadas, fuera del circuito público, y se presentan hoy como un conjunto que permite acceder a una zona menos visible, aunque esencial, dentro del desarrollo de Joan Ponç.

En este horizonte, sus propias palabras permiten aproximarse a la conciencia que atraviesa esta etapa, donde la práctica artística se entiende como deriva, orientación y tránsito:

«Somos olas en un mar, o navío es mi atelier. Él flota, flota sobre este mar de almas que se agitan constantemente, que se funden, se destruyen, se comprenden y se ignora, quieren permanecer, pero sólo el mar permanece (…) Antes vivía en la superficie, pero sé ahora que lo que mantiene mi navío no es lo que se ve sino lo que existe (…) no es Nada y lo es todo (…) Cuando mi brújula se desorienta, vientos me conducen. Recuerdo de qué puerto salí, uno como todos los puertos. Sé que debo llegar y entregar el navío; cuándo, lo ignoro. Un día sabré que debo entregarlo todo. Mi misión estará realizada, el navío es frágil, el mar inmenso, espero no desaparecer en él (…) Mi navío es nuevo, no debo pensar en su fin sino en su ruta al norte, siempre para el Norte.» (Ponç, 2009, p. 41)

JAUME PLENSA: nuevo embajador de Marca España

El artista Jaume Plensa ha sido nombrado embajador honorario de la Marca España por el rey Felipe VI. El reconocimiento sitúa a la práctica artística en un lugar estratégico dentro de la proyección cultural internacional.

Plensa es uno de los escultores españoles con mayor presencia global. Su obra forma parte del espacio público en ciudades como Chicago, Londres, Montreal o Barcelona, consolidando un lenguaje visual identificable y transversal.

CROWN FOUNTAIN, 2004 featured in Millennium Park, Chicago, USA by Jaume Plensa
El Rey, junto al ministro de Industria, Jordi Hereu, aplaude a Jaume Plensa, acreditado como embajador Honorarios de la Marca España

Su trabajo se articula en torno a tres ejes clave: cuerpo, lenguaje y espacio. Las figuras humanas —frecuentemente rostros o cuerpos fragmentados— transmiten quietud, introspección y escala monumental. Las letras, procedentes de distintos alfabetos, funcionan como materia escultórica y construyen estructuras que combinan presencia física y dimensión simbólica.

Las esculturas de Plensa generan experiencias en el espacio público. Introducen pausa, modifican la percepción del entorno y activan una relación directa con el espectador. Su obra conecta con audiencias diversas sin necesidad de mediación contextual compleja, lo que explica su fuerte circulación internacional.

CROWN FOUNTAIN, 2004 featured in Millennium Park, Chicago, USA by Jaume Plensa
CROWN FOUNTAIN, 2004, Millennium Park, Chicago, USA de Jaume Plensa

Este nombramiento refuerza el papel del arte contemporáneo dentro de la imagen global de un país. La obra de Plensa aporta una visión basada en la sensibilidad, la experiencia y el lenguaje universal. Su práctica opera desde lo humano, lo esencial y lo compartido.

En un contexto global donde la cultura actúa como herramienta de posicionamiento, la figura de Plensa consolida una idea clara: el arte contemporáneo también construye relato, identidad y presencia internacional.

«Behind the walls» Frieze Sculpture at Rockefeller Center, Rockefeller Center, New York, USA

SANDRA VASQUÉZ DE LA HORRA: “Soy Energía”

Una exposición que se atraviesa más que se recorre

Entrar en la obra de Sandra Vásquez de la Horra no implica entender, implica dejarse afectar. Soy Energía, su retrospectiva en el Haus der Kunst de Múnich, se despliega como un campo de intensidades donde las imágenes operan antes de poder nombrarlas.

Más de cuarenta años de trabajo se articulan aquí sin una narrativa lineal. Las obras no ordenan una trayectoria, circulan. Dibujos sumergidos en cera de abeja emergen como restos, como superficies donde el tiempo parece haberse detenido. La materia densifica la imagen y ralentiza la mirada, generando una relación más próxima, casi corporal.

«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss

El recorrido evita jerarquías. Las piezas se agrupan como constelaciones: cuerpos fragmentados, figuras híbridas, signos que cruzan lo humano, lo animal y lo vegetal. El cuerpo aparece como un territorio atravesado por memoria y tensión, donde lo íntimo y lo político se inscriben sin volverse explícitos.

Desde sus primeros trabajos en Chile hasta su producción reciente, persiste una misma operación: dar forma a aquello que no puede fijarse. Las imágenes no ilustran, contienen. Funcionan como sedimentaciones donde la historia, la violencia y el exilio permanecen como capas latentes.

La propuesta curatorial acompaña esta lógica. La exposición no se organiza de forma lineal, construye una atmósfera. Hay zonas de concentración y otras de apertura, ritmos que implican al espectador y lo desplazan de una posición distante. Mirar aquí exige tiempo, cercanía, ajuste.

En ese movimiento, la obra se sitúa en un umbral constante. Entre lo visible y lo que apenas se deja ver. Entre la imagen y su resto.

Soy Energía no ofrece respuestas. Mantiene abierta una experiencia donde algo persiste más allá de lo visible.

«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss
«Soy Energía», Sandra Vásquez de la Horra, Haus der Kunst Ausstellungsnasicht, 2025. Foto: Judith Buss

MIRALDA. Monuments in Love / Cartas de Amor: el libro que celebra los 40 años de Honeymoon Project.

Una publicación que revisita uno de los proyectos más emblemáticos de Antoni Miralda y reactiva su universo simbólico a través de cartas, ensayos y documentos.

Con motivo del 40º aniversario de Honeymoon Project, el artista Antoni Miralda presenta el libro Monuments in Love / Cartas de Amor, una publicación que revisita uno de los proyectos más singulares de su trayectoria artística.

Publicado por Terranova en colaboración con Galeria Senda y FoodCultura, el volumen recupera el imaginario del Honeymoon Project, iniciado en los años ochenta. Este proyecto imaginaba un enlace simbólico entre dos monumentos icónicos: la Estatua de la Libertad en Nueva York y el Monumento a Colón en Barcelona. A partir de esta unión ficticia, Miralda desarrolló una reflexión irónica y festiva sobre los rituales sociales, los vínculos entre culturas y el papel de los monumentos en la construcción de relatos colectivos.

El libro reúne una selección de cartas de amor enviadas desde diferentes partes del mundo, junto a ensayos contemporáneos y materiales que expanden la historia del proyecto. Estas contribuciones permiten revisitar Honeymoon Project desde nuevas miradas, manteniendo vivo su carácter participativo y su capacidad de conectar imaginarios culturales diversos.

Más que un simple registro, Monuments in Love / Cartas de Amor funciona como una extensión del propio proyecto: un espacio editorial donde archivo, ficción y memoria se entrelazan. A cuarenta años de su inicio, el trabajo de Miralda continúa proponiendo una lectura lúdica y crítica sobre la manera en que celebramos, imaginamos y compartimos nuestras historias colectivas.

En el marco de esta celebración, el libro fue presentado públicamente el pasado 13 de febrero en Sala Apolo dentro del programa Art Meets Apolo, en un encuentro que reunió arte contemporáneo, performance y música.

Con una edición limitada, Monuments in Love / Cartas de Amor invita a redescubrir el universo creativo de Miralda y a adentrarse en uno de los proyectos más imaginativos del arte contemporáneo.

El libro se encuentra disponible para su compra en nuestra shop.

GONZALO GUZMÁN. «El dolmen de Nemorino» para el «Saló dels Miralls» del Gran Teatre del Liceu


Galeria SENDA te invita a acompañar a Gonzalo Guzmán (1991) en la presentación de El dolmen de Nemorino, una instalación monumental de cinco metros de altura concebida especialmente para el Saló dels Miralls del Gran Teatre del Liceu, coincidiendo con el estreno de L’elisir d’amore de Gaetano Donizetti.

La conexión entre ópera y escultura no es fortuita. El origen de la obra se remonta a una historia íntima y familiar: el padre del artista, Joaquín, llegó a Barcelona siendo joven para estudiar canto con el maestro Puig, con el sueño de convertirse en cantante de ópera profesional. Su mayor ilusión era actuar algún día en el escenario del Liceu. Sin embargo, mientras preparaba Una furtiva lagrima, el aria más célebre de L’elisir d’amore, perdió la voz de forma repentina. Aquel episodio cambió el rumbo de su vida: no pudo continuar su carrera como tenor, pero mantuvo siempre un vínculo profundo con la música y el arte, una sensibilidad que transmitió a su hijo desde la infancia.

«Esta obra es una forma de cerrar un círculo: de devolver, en forma de escultura, algo de aquella emoción que él me ha transmitido desde pequeño, y de hacer que, de algún modo, esa voz vuelva a habitar el Liceu», explica Guzmán.

El dolmen de Nemorino se alza como un dolmen contemporáneo de acero inoxidable, asentado sobre un montículo de tierra que dialoga con la arquitectura dorada y los espejos del salón. En su escala monumental y su sencillez primitiva, la pieza refleja el propio proceso vital y creativo del artista: un diálogo constante entre el deseo y la materia, entre lo que se imagina y lo que la escultura permite.

Guzmán concibe su práctica escultórica como un ejercicio de confianza y de escucha. «Permito que la escultura suceda —afirma—. Es una forma de entender la vida: las cosas ocurren porque solo pueden ocurrir de una manera, la que sucede. Una escultura solo puede existir tal como ha aparecido, con todos los accidentes y condiciones que han hecho posible su forma».

Esa misma idea atraviesa la historia de su padre: el momento en que perdió la voz, lejos de ser una ruptura, se transformó en una lección de aceptación y aprendizaje. A veces, al verlo practicar aún fragmentos de ópera, Guzmán reconoce en ese gesto una continuidad emocional con aquella pasión que no desapareció, sino que mutó de forma.

La verdadera importancia, para el artista, reside en la mirada con la que afrontamos lo que nos ocurre. Como Nemorino, el protagonista de la ópera de Donizetti, que en una lágrima descubre la esperanza que le impulsa a seguir, El dolmen de Nemorino propone una reflexión sobre la confianza, la transformación y la permanencia.

22 de noviembre — 15 de diciembre de 2025 · Saló dels Miralls, Gran Teatre del Liceu

JAUME PLENSA recibe la Medalla de Oro al Mérito Cultural de la ciudad de Barcelona

El lunes 19 de mayo de 2025, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, entregó en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona la Medalla de Oro al Mérito Cultural a Jaume Plensa, destacando su proyección internacional y el valor de su obra para acercar el arte y la cultura a todo el mundo.

“Barcelona te reconoce, te quiere y quiere a tu arte”, Jaume Collboni

La glosa la realizó la escritora Monika Zgustová y se pudo disfrutar de una actuación musical a cargo del Coro de voces blancas de los Amigos de la Unión de Granollers.

Jaume Plensa recibe la Medalla de Oro al Mérito Cultural
Fotografías © Júlia Arnau

Con el otorgamiento de la máxima distinción cultural, la ciudad expresa su agradecimiento a Plensa por una trayectoria artística de excelencia, caracterizada por su afán de transcender la realidad y explorar las dimensiones del espíritu.

El equipo y los amigos de galeria Senda se unen a este reconocimiento y queremos compartirlo con todos nuestros seguidores.

ANNA MALAGRIDA en Museu Tàpies

Anna Malagrida presenta “Opacitas. Velar la transparència” en el Museu Tàpies de Barcelona este 13 de marzo hasta el próximo 28 de septiembre de 2025.

La exposición ofrece una inmersión por la obra de la artista Anna Malagrida (Barcelona, 1970) a través de la fotografía, el vídeo y la instalación.

Anna Malagrida, El Limpiador de Cristales (2010). Video (2m 19s)

Un juego de perspectivas

La obra de Malagrida explora y recrea, a través de una observación atenta, nuestra experiencia cotidiana y el equilibro inestable entre lo privado y lo público. Con un juego de perspectivas, captura interiores y exteriores simultáneamente, invitando al espectador a proyectarse sobre la superficie de sus imágenes y a generar sus propios contenidos visuales dentro y fuera de las mismas. 

En su trabajo, la ciudad se convierte en un teatro, un escenario idóneo para narrar la frágil relación del ser humano con su entorno. Una propuesta lúcida y sin artificios donde la obra seduce, reconcilia y nos sitúa entre lo visible y lo invisible.

Visualmente muestra una ambigüedad que se manifiesta en la textura de sus imágenes, desdibujando las fronteras entre la apariencia y la realidad. En esta exposición el espectador será sumergido en una experiencia visual dotada de diferentes significados, invitándolo a mirar la ciudad de una manera diferente.

Además, el miércoles 13 a las 18:00, la inauguración se iniciará con una conversación entre la artista y Marta Gili, critica de arte, comisaria y docente especializada en fotografía y artes visuales contemporáneas. Patricia Sorroche, comisaria de la exposición, será la mediadora de esta conversación, en la que se hablará del proceso creativo de la artista y sus inquietudes.

«Roger the Rat» inaugura el nuevo espacio de la galeria: SENDA M&A, en el marco de City Screen 2021

El proyecto está compuesto por una serie de fotografías en blanco y negro producidas en Johannesburgo entre 2015 y 2020, acompañado de un vídeo hecho durante los meses de confinamiento.

A través de estas imágenes, Roger Ballen documenta una criatura mitad humana, mitad rata, que vive aislada de la sociedad. El personaje, motivado por su soledad, intenta crear nuevos compañeros para compartir su vida diaria, pero el aislamiento genera sentimientos de frustración y rabia.

Roger the Rat personifica el impacto de la soledad, la exclusión y la incómoda sensación de asfixia que aflige a los seres humanos cuando están confinados en espacios cerrados. Las consecuencias psíquicas de la pandemia se exploran a lo largo de las imágenes a través de las absurdas acciones del protagonista, que producen un sentimiento de identificación y empatía por parte de los visitantes.

Hijo de un editor de fotografías en Magnum, Ballen trabajó como geólogo y consultor de minería antes de lanzar su propia carrera fotográfica, documentando pequeñas aldeas en África rural y sus habitantes aislados. Sus imágenes son a la vez poderosas alegorías sociales y perturbadores estudios psicológicos. La obra de Ballen «Terrallende» fue considerada uno de los documentos fotográficos más extraordinarios de finales del siglo XX. Fue premiado como Mejor Libro Fotográfico del Año en PhotoEspaña 2001 en Madrid. Fue premiado como Mejor Libro Fotográfico del Año en PhotoEspaña 2001 en Madrid.

Su distinguido estilo fotográfico ha evolucionado utilizando simplemente un formato cuadrado y una combinación de colores en blanco y negro. Sus primeros trabajos tienen una clara influencia en la fotografía documental, pero durante la década de 1990 desarrolló un estilo que describió como ficción documental. Su estilo fotográfico distintivo ha evolucionado utilizando simplemente un formato cuadrado y una combinación de colores en blanco y negro.

Roger Ballen, Amputee. Archival pigment print. 61 x 43 cm. 2015
Roger Ballen, Flattened. Archival pigment print. 61 x 86 cm. 2020
Roger Ballen, Revealed. Archival pigment print. 61 x 43 cm. 2020

Donald Sultan y la Resurrección de la Naturaleza Muerta

La galeria Senda inauguró la primavera con “Day and Night: New Paintings and Drawings”, la primera exposición del reconocido americano Donald Sultan en España. Formada por un conjunto de piezas de gran escala con la flor de mimosa como motif, Sultan ha demostrado que un resultado puede conseguirse con componentes inusuales. Es el caso de Spring Mimosa Dec 12, por ejemplo, un cuadro de flores regado con alquitrán y esmalte, y no con agua.

Seguramente estés pensando ¿bodegones? ya pasó la época del frenesí por la naturaleza muerta y los vasos de vino a medio acabar, ¿no? migajos de pan junto a la pera y la manzana carcomida. Ese detalle no lo habrá ignorado el artista, quien trata de pintar al ínfimo pormenor lo que ve y lo que trazan sus manos con las señales que reciben desde lo más íntimo de la retina. También están aquellos que optan por las flores, bien sea por afán de ser romántico, o porque eran de ocasión y la primavera no es temporada de peras. Un lienzo blanco, manchado con el pigmento de colores terrestres – verde marron y amarillo apagado.

Pues quizás sí que se terminó la moda del bodegón convencional. Cézanne se llevó con él el último suspiro del artista admirador de frutas desmayadas sobre cerámicas, y Van Gogh el de los girasoles, que ya dejaron de girar en la mente de aquel que dice ‘saber de arte’. Tal vez seamos pocos los que seguimos encontrando paz en la representación de la naturaleza, aunque no sea acompañada de movidas conceptuales y motivos superiores. Una flor, una fresa, un paisaje, algo tan mundano como el humo de un cigarro que baila en la oscuridad de un piso cerca de 24th with 6th avenue.

A veces uno necesita eso, y nada más. Como un respiro en el sofoco que supone vivir en un tiempo donde uno sufre más por estrechar su gusto a un mundo que tarda poco en decidir quién es digno de hacer arte y quien no, y qué merece su puesto en una pared blanca y quién nunca saldrá de su habitación con olor a pintura y hormonas.

Olvídate de la pared blanca, y ya que estás, del lienzo blanco también. De hecho, imagínate en una planta de grava, donde los humos a alquitrán y el calor que emerge de la pirámide de piedras hierven la sangre y tapizan los pulmones. En medio de todo el panorama industrial – del metal, la madera, el acero y el fuego – crece una flor. No es fácil imaginarlo, de hecho, es casi imposible que una flor nazca en medio de tanta dureza, y sin embargo lo hace—un átomo de vida en un lugar que nunca la cobró. Es una flor redonda, naranja, aunque te suena haberla visto en otro lado de otros colores, roja, amarilla… redonda como el sol, como una naranja, como un diente de leon al que aún no se le ha pedido el deseo.

El bodegón de Cézanne emite un aroma a mantel macerado con néctar de melocotón y el charquito de vino que derramó tu padre en la que era su cuarta copa. El girasol de Van Gogh trae a la mente el olor del campo y la humedad distante del mar. Pero las mimosas de Donald Sultan confunden los sentidos: uno ve círculos minimalistas de mimosas, rodeados de un centenar de hojas de olivo – piensas pues: sur de francia, aire seco y afrutado… pero cuando te acercas a la obra se te caen los esquemas. Ya no piensas en el campo francés, si no en el camino hasta ahí — el viaje. El calor del asfalto cuando bajas a estirar las piernas y el olor a alquitrán que emite la fábrica que se ha construido lejos de la vida para no acortar la misma con la impureza del humo que saca por sus chimeneas altas.

Verás, la escena provenzal de Cézanne y las flores a pinceladas densas habían tomado un espacio recóndito en mi archivo de obras preciadas. No por falta de admiración, ni pretensión de necesitar que el arte me ‘diga algo’. Si no porque ando buscando obras que me dejen disfrutar de la belleza en un mundo en el que raras veces la belleza viene sin zancadilla pelotera. Que entre lo industrial puede surgir lo natural.

Recibir flores sigue siendo un placer, aunque sea acompañado del run run de los coches y el aire contaminado de la ciudad. Si te acercas a la obra de Sultan podrás ‘oler’ tu infancia en el pueblo, el sabor dulce de la fruta madurada al sol, y la brisa que pasa mientras lees bajo el olivo en una tarde de agosto. Pese a que lo que realmente huelas sea masonita, alquitrán y esmalte.

De eso se trata, yo creo —de estimular los sentidos con lo que crees que es, lo que querrías que fuese, y con lo que realmente es. Si no lo crees, míralo por ti mismo: Donald sultan, en galeria Senda, hasta finales de Julio.

Glenda León en el MARCO de Vigo con «Música de las formas»

El 18 de junio el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO) inaugura «Música de las formas», una exposición de Glenda León comisariado por José Jimenez.

La artista cubana vuelve con una serie de obras representativas de la unión entre la poesía y el objeto, creando una síntesis entre lo visual y lo sonoro. León utiliza objetos corrientes y materiales en bruto y los transforma de manera que revelan su poder metafórico. De esta manera, las obras manifiestan una mirada sensible ante lo cotidiano. Sus obras transitan entre la esfera de lo íntimo y lo público. Exhibe su capacidad artística de creación de nuevos significados a través del proceso de contextualización, manipulación y asociación de los objetos.

En «Música de las formas», la artista evidencia la influencia de la música en su crecimiento, tanto personal como artístico, y lo conectado que está a los movimientos de los astros. José Jiménez, comisario de la exposición, menciona a Pitágoras para justificar este fenómeno al que también se refiere como «armonía del cosmos.» León consigue conectar la tierra y el cielo, lo cotidiano y lo superior.

Estrellas Masticadas (2015) es un ejemplo de ello: la autora crea cuerpos celestes al unir chicles desechados en el suelo, formando constelaciones que se debaten entre algo tan mundano como una goma de mascar y la sublimidad de los astros que tantos otros genios habían observado en en un pasado.

La exposición podrá verse hasta el 31 de octubre de 2021.