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El título procede del latín y significa «dentro», «por dentro» o «hacia el interior», una dirección que atraviesa toda la muestra y conduce la mirada hacia aquello que permanece contenido, latente o apenas visible bajo la superficie.
En el centro de la exposición, una cueva construida en acero inoxidable pulido transforma la experiencia del espacio. Su superficie recoge la arquitectura, la luz y los cuerpos de quienes se aproximan, fragmentándolos entre sus pliegues y devolviéndolos como imágenes cambiantes. Cada movimiento modifica la obra y cada visitante introduce una nueva figura, de manera que la instalación se construye continuamente a partir de las presencias que la recorren. El espectador deja de observar desde fuera y queda incorporado a una imagen que aparece, se desplaza y desaparece con él.
Guzmán parte de la cueva como una de las primeras arquitecturas habitadas y como el lugar donde surgieron algunas de las primeras imágenes creadas por la humanidad. En las pinturas rupestres, las formas naturales de la roca participaban en la aparición de animales y signos dotados de una dimensión simbólica y casi mágica. Aquellas imágenes permitían establecer una relación con la naturaleza, la supervivencia y las fuerzas que escapaban al control humano. En Intus, esa capacidad transformadora se reactiva a través del reflejo: las imágenes nacen de los cuerpos presentes y existen durante el tiempo de su encuentro con la obra.
Las esculturas que acompañan la instalación prolongan esta investigación desde la materia. En ellas, el volumen contenido en el interior de una piel metálica es extraído y adquiere una existencia propia, conservando la huella del espacio que lo envolvió. El interior emerge convertido en cuerpo, mientras la superficie revela su capacidad para contener, producir y transformar formas.
Intus propone así un recorrido donde el exterior entra en la cueva y se convierte en imagen, mientras aquello que permanecía dentro sale al espacio y se vuelve escultura. Una exposición que invita a atravesar la obra, reconocerse en sus transformaciones y descubrir qué puede aparecer cuando dirigimos la mirada hacia el interior.
























































































